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Salvación a través de la amistad

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July 25, 2013

Salvación a través de la amistad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

by Rev. J Manny Santiago

“Vosotros sois mis amigos y amigas” -Juan 15.14a


Introducción

¿Qué significa ser “amigo o amiga” de alguien? ¿Cuántos amigos o amigas tú tienes? ¿Quiénes son estas personas que consideramos amistades, pero amistades de verdad, de las buenas? No hablo de personas que conocemos o de compañeros y compañeras de trabajo; sino de AMISTADES; personas en las que podemos confiar y que confían en ti. Hoy día, con facebook y todas esas plataformas de conexión virtual, parece que las personas tenemos miles de “amigos”, pero en realidad hay muy poca conexión personal.

Para quienes profesamos la fe Cristiana, nuestra religión es una religión de Resurrección. Nuestra fe está – o debería estar fundamentada – en la afirmación de la vida. Si vemos nuestra fe desde este punto de vista, entonces la celebración de la vida y la celebración de la resurrección es parte integrante de nuestra forma de ver el mundo. Al mismo tiempo, nuestra fe nos lleva a ser personas que celebramos la victoria del Dios de la vida sobre el dios de la muerte. 

La nueva vida y la vida integral que nuestra fe proclama está bien cimentada en la experiencia de aquellas personas que crearon comunidad al buscar unas de otras; estas personas, luego de la resurrección de Cristo, crearon sus propias familias. Estas personas que crearon estas nuevas familias hicieron esto como parte de su propia experiencia de resurrección. Eventualmente, esta nueva familia fue llamada “los cristianos y las cristianas.”

La importancia de crear nuestras propias familias

Hubo en el cine recientemente una película llamada “50/50”. No sé cuántos de ustedes tuvieron la oportunidad de verla, pero yo la fui a ver – principalmente, la fui a ver porque el protagonista es uno de mis actores favoritos, Joseph Gordon-Levitt. Me gustaría compartir con ustedes la premisa de la película, algo que espero que pueda hacer bien a pesar de que no recuerdo mucho de ella porque me pasé toda la película llorando a lágrima viva…

La premisa de la película es esta: un hombre joven – en sus treinta – es diagnosticado con un tipo de cáncer muy raro. El médico le dice que tiene un cincuenta por ciento de probabilidad de sobrevivir este cáncer. El joven decide someterse al tratamiento a pesar de que hay un cincuenta por ciento de que no funcione. Mientras el joven está en tratamiento, su madre sobreprotectora – quien también tiene a su cargo el cuidar de su esposo que vive con Alzheimer’s – en realidad no le puede ayudar mucho. Su novia no puede lidiar con la situación y le abandona. Su mejor amigo, sin embargo, se mantiene a su lado. De hecho, el protagonista nota cómo su mejor amigo no cambia para nada. Parece como si su amigo nunca hubiera notado que él tiene cáncer y está enfermo. El amigo sigue siendo igual de imprudente, sigue molestándolo, sigue pidiéndole que haga cosas, sigue tratándolo igual que antes del diagnóstico. En un momento durante la película éstos dos hombres tienen una pelea… luego de un tiempo, cuando se reconcilian, el joven con cáncer descubre que su amigo ha estado leyendo sobre cáncer todo este tiempo. Su amigo ha estado tratando de averiguar cómo proveerle apoyo a un paciente de cáncer. El amigo tiene montones de libros con pasajes marcados donde dice que deben tratar a los pacientes con respeto y dignidad y demostrarle que sus vidas son tan normales y valiosas como siempre lo han sido. Algunos de los pasajes marcados dicen que las amistades han de tratar al paciente de cáncer como siempre los han tratado, a menos que el paciente mismo no sea quien pida que cambien su actitud.  

Cuando la película terminó tuve que salir corriendo a llamar a mi mejor amigo para decirle lo mucho que lo quiero y lo mucho que lo aprecio como amigo. Las amistades, en ocasiones, vienen a ser las familias que necesitamos. Hoy les quiero hablar sobre amistades y lo que significa ser transformado y transformada, podría decir, salvos y salvas por la amistad. ¿Cómo podemos aplicar esto a nuestro trabajo como pacificadores en el mundo contemporáneo? Esas son algunas de las preguntas que quisiera explorar esta noche. Como no soy metodista sino un Bautista de pura cepa, como decimos en Puerto Rico, tendré más de tres puntos y muchas más conclusiones de las que quisiera tener…

El Mensaje del Evangelio

En el pasaje del evangelio de Juan que acabamos de escuchar encontramos a Jesús en su rol de maestro, enseñándolo a sus discípulos lo que han de hacer una vez que él deje esta tierra. Jesús está preparando a sus discípulos para que continúen la obra de Dios que él ha comenzado. Solo unos versos antes de este pasaje encontramos a Jesús diciéndole a sus seguidores y seguidoras lo siguiente: “Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré de Dios, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Dios que es como Padre y Madre, éste Espíritu dará testimonio de mí…” Jesús entiende que sus seguidores y sus seguidoras demostrarán el amor extravagante de Dios a toda la humanidad.

Ahora, es muy importante que pongamos las palabras en su justo contexto. Como persona cuya lengua materna no es el inglés, yo entiendo la importancia de traducir conceptos, no solamente palabras. Por lo tanto, me gustaría compartir con ustedes un poco acerca de las palabras que el escritor utiliza en este pasaje de la escritura. Primeramente, hay dos palabras diferentes que se utilizan en este pasaje que son traducidas ambas como “amor.” La teóloga Gail O’Day escribe lo siguiente con respecto a este pasaje: “El cuarto evangelio utiliza dos verbos griegos (agapao y phileao) de manera intercambiable para hablar de ‘amor’ en este pasaje. Por lo tanto, cuando Jesús habla de amistades [philos] en este pasaje, lo que realmente está diciendo es ‘aquellos que son amados.’ Una comparación entre los versos 14.15 y 21 con el verso 15.14 nos sugieren que ser ‘amigo o amiga’ de Jesús y que amar a Jesús son sinónimos, porque ambas acciones envuelven el seguir los mandamientos que Jesús nos da.”

El segundo concepto del que hay que hablar es “mandamiento.” En el contexto del evangelio que escuchamos hoy, la palabra “entole” o mandamiento, es una instrucción con una ilusión. Jesús sabe que no somos perfectos y perfectas; Jesús sabe que vamos a meter la pata de vez en cuando. Aun así, Jesús tiene la confianza de que vamos a hacer todo lo necesario para logar la meta que tenemos frente a nosotros y nosotras. En este sentido es que Jesús nos ofrece el ejemplo de nuestro Dios que es como un Padre o una Madre; Dios es como una Padre o una Madre que nos ama y que nos enseña a amar. “Ámense los unos a las otras así como Dios, quien ha sido como un Padre o un Madre para ustedes, les ama.” Durante mi tiempo de seminario tenía un profesor de Nuevo Testamento que nos decía que la parte más difícil de ser cristiano o cristiana era ésta: seguir el mandamiento de Cristo en el evangelio de Juan. Pero a pesar de esto, nos mantenemos firmes en nuestra meta porque sabemos que Dios nos ama y cuando miramos a otras personas podemos ver en ellos y en ellas la manifestación misma de Dios. ¡Qué poderoso es esto! ¡Qué transformador es esto!  Cuando vemos a nuestro alrededor, estamos viendo en las otras personas la encarnación misma de Cristo. ¿Quién NO recibiría a Dios mismo en su entorno? ¿Quién se atrevería a NO ser hospitalario con Cristo mismo si reconocemos que las personas que nos rodean son la encarnación de Cristo para ti y para mí?

Pero déjenme decirle que esto no es fácil. El mensaje del evangelio no es cosa fácil. El evangelio no se debe utilizar como un manual de instrucciones para hacernos la vida fácil. Por el contrario, el mensaje del evangelio es un reto para cada persona, para cada individuo. Dios nos reta a vivir vidas en las cuales demos testimonio de una las cosas más difíciles que podemos pensar: amarnos unos a otras de manera extravagante e incondicional.

La historia de las personas que no han sido incluidas

¿Cómo podemos encontrar fuerzas para seguir el mandamiento de Cristo? ¿Cómo llegamos a la meta de amar incondicionalmente a toda persona tanto como Dios nos ha amado a nosotros y a nosotras? La contestación a esta pregunta puede ser encontrada en el libro de los Hechos durante la experiencia de Pentecostés. Es allí donde Dios derrama su Espíritu sobre TODA criatura. Allí había personas venidas de todos los rincones de la tierra para celebrar una fiesta religiosa. Es en medio de esta celebración cuando Dios se manifiesta derramando su Espíritu sobre toda carne, el Espíritu de Dios que es una presencia tan poderosa que llena a cada persona, sin quienes son; sin mirar si tienen pasaporte o no, sin mirar su orientación sexual, ni su sexo, ni la forma en que se visten, ni la forma en que adoran, ni la forma en que hablan… ¡El Espíritu se derrama para toda persona! ¡Aleluya!

Al derramar el Espíritu sobre toda persona, Dios nos da testimonio de un amor incondicional para toda la humanidad. “Ustedes no me han escogido. Yo los he escogido a ustedes” es lo que Jesús nos recuerda en el evangelio de Juan. Aun antes de que lo supiéramos, el amor incondicional de Dios ha sido demostrado. Esta es la experiencia de la gracia de Dios. ¡Qué noticia más maravillosa! ¡Qué cosa más hermosa de sentir esta gracia de Dios en nuestras vidas y demostrar esta gracia para con toda la gente!

¡El amor y la bienvenida que Dios nos ofrece son radicales! ¡El amor y la bienvenida que Dios nos ofrece son revolucionarios! ¡El amor y la bienvenida que Dios nos ofrece van más allá de cualquier expectativa humana que podamos tener! El amor de Dios se expresa al darle la bienvenida y en honrar y en hacer espacio en nuestras comunidades para aquellas personas que han sido rechazadas por la sociedad y hasta por instituciones religiosas. Y he aquí donde la amistad se convierte en una herramienta de transformación y en un medio de gracia que nos salva. Somos salvas y salvos, somos transformadas y transformados, somos hechas nuevas criaturas cuando reconocemos que Dios, a través de Cristo, ha venido a ser nuestro amigo… No nuestro señor o nuestro patrón: ¡Dios ha llegado a ser nuestro amigo!

El Mensaje para nosotros y nosotras hoy

Cuando la jornada se torna difícil y pensamos que no podemos seguir hacia adelante, nos aguantamos de esta promesa y recordamos que Dios ha de caminar con su pueblo. Cuando la jornada nos lleva a lugares en los que preferimos no estar, recordamos que Dios nuestro Amigo está allí para acompañarnos. Cuando nos sentimos que hemos trabajado demasiado y las fuerzas no nos alcanzan, cuando vemos que las cosas no cambian y que el gobierno parece no escuchar, y que las instituciones religiosas no van a cambiar y que nuestros vecinos no nos entienden en lo que hacemos; cuando nos sentimos como que somos un puñado de pacificadores y pacificadoras luchando contra toda una maquinaria militar que es demasiado grande para traerla abajo, tenemos que recordar que Dios está allí caminando con su pueblo; empoderándonos a través de nuestra amistad con un Dios que ya nos ha extendido la mano… Y es en ese momento cuando podemos proclamar que hemos sido transformados y transformadas por Dios; es en ese momento cuando podemos proclamar que hemos sido salvos y salvas por Dios; es en ese momento cuando podemos proclamar que hemos sido empoderados y empoderadas por Dios y que las fuerzas de la muerte no pueden contra el pueblo de Dios. Soy amigo y amiga de Dios y por lo tanto, nada me puede traer abajo. Soy amigo y amiga de Dios y la paz de Dios está en medio nuestro. Soy amigo y amiga de Dios y puedo proclamar que el Reino de Dios está en medio nuestro. Soy amigo y amiga de Dios y puedo proclamar que el sueño de Dios se está haciendo realidad; habrá justicia y paz y reconciliación… porque Dios, mi Amigo, camina junto a mí y trabaja junto conmigo para lograrlo. 

Transformado por la amistad

En el año 1997 yo salí del armario y reconocí mi homosexualidad, ese regalo divino que Dios me ha dado de ser diferente. Como pueden imaginar esa no fue una noticia que les haya gustado a mi padre y a mi madre quienes son bautistas también pero mucho más conservadores que yo. De inmediato me encontré solo. Mi padre, en su ignorancia, me echó de la casa. En ese momento, fueron mis amistades las que estuvieron allí para ofrecerme ayuda. Aquí hay una de esas amistades, Thea, quien ha sido parte de esta familia que he escogido en mi peregrinar por la vida. Otro amigo, John Lee, le pidió a su madre que cocinara para mí en esos primeros meses tan difíciles. Fue por mis amistades que yo pude comer. Fue gracias a mis amistades que yo pude pagar la renta. Fue por mis amistades que yo pude sobrevivir ese año de universidad. Sin estas mujeres y estos hombres, yo no creo que yo pudiera estar aquí hoy. Ellos y ellas me demostraron el amor de Dios al cubrirme con su amor y su cuidado y al escogerme como parte de su propia familia.

El mensaje de Jesús en el evangelio es similar a esto. Cuando otras personas te dejan, cuando otras personas no se atreven a pararse junto a ti en la lucha, cuando otras personas no se atreven a proclamar junto a ti la justicia y la paz, Dios derrama su Espíritu en tu vida para demostrarte a ti y al mundo de que tú eres en verdad amigo y amiga de Dios. Cuando el dolor llega a tu vida, Dios derrama su Espíritu en tu vida para demostrarle al mundo de que eres amado y amada, de que alguien te desea y te quiere, demostrarle al mundo de que alguien te tiene cariño y te aprecia; demostrarle al mundo que no eres siervo o sierva, sino amigo y amiga. Dios nos transforma con su amistad y es por esta amistad con Dios que podemos movernos hacia adelante, pasamos a ser personas de la Resurrección a ser la comunidad del Pentecostés, donde llamamos al Espíritu de Dios a que nos renueve nuestro espíritu para de esta manera transformar al mundo. ¡Bendito sea Dios! Amen.

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