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¿Qué muros necesitamos derribar?

por Myra Houser

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“Cuando te vayas, piensa en los muros que has construido en tu propia vida.”

Gran parte de la discusión en el "Campamento de Paz", la reunión anual de Bautistas por la Paz / la Comunidad Bautista de Paz de América del Norte ya se había centrado en los muros, tanto físicos como mentales. Los delegados se maravillaron de los brillantes y hermosos murales que adornaban los muros públicos de la Ciudad de México durante el trayecto hasta el Campamento Mazahua. Los demasiado conectados entre nosotros maldijeron la obstrucción de las señales WiFi por parte de las paredes de la hacienda.

Eleazar Encino, profesor del Seminario Intercultural Mayense, socio de la Alianza, habló sobre el poder de esos mismos muros de hacienda. La hacienda, construida por supuesto por los mexicanos indígenas esclavizados, había servido como sitio de encarcelamiento y tortura. Ahora, rehabilitada en un espacio de campamento y en un centro comunitario, lleva el nombre del grupo Mazahua, a quien busca empoderar. Eleazar señaló el poder de recuperar y reunirse en ese espacio. De acuerdo al número de inscripciones de BPFNA, aproximadamente la mitad de los delegados provenían de América Latina y la mitad de Estados Unidos y Canadá. Naturalmente, muchos delegados centroamericanos lamentaron el impacto del muro fronterizo México-Guatemala en los viajes hacia el norte.

Y, oh sí, había otro muro en la mente de todos y todas.

El muro de la frontera entre los Estados Unidos y México proporcionó un buen filón, así como una respuesta tangible a la cuestión de los muros personales. Al tiempo que los pacificadores y pacificadoras estadounidenses criticaban el Muro de Trump, muchos de nuestras hermanas y hermanos latinoamericanos señalaron que el muro físico, los atropellos de los derechos humanos y las deportaciones existieron mucho antes de que la campaña megalómana prometiera una supremacía blanca. Ver el mar como un muro también había sido un negocio imperial como siempre, como señalaron los delegados del Caribe. El bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba y otros ciudadanos estadounidenses en Puerto Rico precedieron al Muro.

Estos momentos de auto-reflexión se habían llevado a cabo durante toda la semana, mucho antes del tradicional servicio de Jóvenes y Niños de la última noche. Mientras ellos y ellas relataban, dibujaban y cantaban la historia del hombre que había sido golpeado y dejado de lado en el camino a Jericó, jóvenes, niños y niñas trajeron sillas y construyeron un muro entre los adultos congregantes. Después de preguntar a la congregación qué muros de la sociedad magullaban y vapuleaban a la gente, preguntaron cómo podríamos derribarlos. Después de mencionar de todo, desde una sonrisa hasta una asistencia sanitaria universal, los y las jóvenes presentaron al Buen Samaritano y desmontaron el muro, pidiéndonos que examináramos nuestras vidas por aquellos muros que nosotros mismos estaríamos construyendo. No creo que hubiera un ojo seco a la vista mientras las y los pacificadores de Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Guatemala, México, Nicaragua, Puerto Rico y los Estados Unidos enlazaron sus brazos y cantaron el himno del campamento "Arropándonos con Amor".

Mientras que los muros físicos todavía están de pie, la semana proveyó una ojeada en cómo están siendo derrumbados, personal y socialmente. SIM compartió sobre romper muros coloniales mentales a través de la enseñanza de la Teología de la Liberación y luego promulgarla entre las comunidades indígenas. Un activista estadounidense contó una historia de marcha en los muros Estados Unidos-México e Israel-Palestina. En uno de los momentos desgarradores de la semana, un campesino de Ohio habló sobre su vecino, un residente de 18 años de Estados Unidos, contribuyente y padre de cuatro ciudadanos estadounidenses, deportado a México durante la semana del campamento. Inmediatamente, un pastor mexicano dio un paso adelante y comenzó a movilizar a su congregación para cuidar al hombre. En muchos momentos similares, mientras que las iglesias al norte del Muro comenzaron a formar redes para proporcionar santuario y cuidado, las iglesias al sur del Muro comenzaron a formar redes para crear hogar y recursos para las personas que fueron deportadas hacia espacios con los que podrían tener poca familiaridad.

Los muros, tanto en nuestras vidas como en la sociedad, parecen estar creciendo. Pero también lo hacen los puentes humanos de compasión. Estoy agradecida por una semana aprendiendo sobre el trabajo de los socios de la Alianza como SIM y BPFNA, haciendo amigos y amigas de todo nuestro bello y demasiado a menudo amurallado hemisferio, y participando en experiencias de adoración en movimiento.

Ahora, ¿qué paredes necesitamos derribar?

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