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Ahora debemos ser agentes de su Reino, el Reino de Dios

de Asaf Vera Baltodano

Ahora debemos ser agentes de su Reino, el Reino de Dios

Asaf Vera Baltodano

El siguiente informe es de Asaf Vera Baltodano, miembro de la Iglesia Bautista Shalom, estudiante en el Seminario Bautista en la Ciudad de México, y el representante más reciente de Jóvenes y Jóvenes Adultos (TYAYA) en la junta directiva de BPFNA ~ Bautistas por la Paz. Puede hacer clic aquí para obtener más actualizaciones e informes sobre esfuerzos de ayuda en desastres en México, Puerto Rico y Cuba, junto con las formas de ayudar.


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Recuerdo que en este último campamento de Verano, celebrado aquí en México, se nos hizo la pregunta sobre cuáles eran los asuntos que guiaban nuestra Fe, la cual, generó en mí una urgente reflexión sobre mi Fe, ya que no era una pregunta común, y eso me complicaba encontrar la respuesta. Esa fue una de las grandes enseñanzas  retoricas que me dejo este último campamento.

19 de septiembre de 2017, un día común y corriente, donde mis planes eran hacer tarea todo el día y terminar unos pendientes ya que el fin de semana viajaría a mi tierra natal para celebrar con una gran amiga, su unión matrimonial. Recuerdo que me desperté, desayuné, me fui al Seminario, salude a todos alegremente, como comúnmente lo hago, y en cuanto llegué a la oficina del Seminario Bautista, comenzó a sonar la alarma sísmica, a lo que el rector me dijo que me tranquilizara pues solo era un simulacro. Más tarde, después de haber regresado todos a la normalidad, comencé a hacer tarea para que a las 13 horas con 14 minutos, se sienta una sacudida horrible, donde inmediatamente salí del seminario, y mientras bajaba las escaleras recuerdo que se sentía como tronaba la estructura del edificio, fue algo horrible. Inmediatamente me comuniqué con mi familia en Ensenada, avisé que me encontraba bien, pero la primera noticia que escuche fue que el edificio que está pegado a la casa de mi maestro de hebreo había colapsado, en ese momento fue que dije: Esto es un caos.

Inmediatamente fui a buscar a mi Pastora, de la que recibí un fuerte y cálido abrazo, y comenzamos a platicar de los sentimientos, emociones durante el sismo, para después irnos a su casa a ver las noticias, y si, efectivamente, era un caos. El tráfico se agravió a los minutos, en la calle solo se escuchaban sirenas de patrullas, ambulancias y bomberos, y podías visualizar desde la ventana gente corriendo, madres y padres llorando porque no sabían nada de sus hijos e hijas, la señal de celular saturada. De inmediato empezaron a circular los videos en las redes sociales, donde era impactante ver edificios colapsados, gente desaparecida, incendios, y muchas otras cosas terribles.

Y aquí es donde surge la pregunta ¿Dónde está Dios? Dios estuvo presente a través del pueblo mexicano que de inmediato salió a la calle a remover escombros, que preparó comidas para los rescatistas, que levantó el puño para escuchar una señal de vida, que aplaudió al momento de sacar a alguien vivo entre los escombros, que ofreció sus servicios profesionales para ayudar, que abrió sus departamentos como albergue, sí, Dios estuvo presente en el caos.

¿Y la iglesia? Si bien, el pueblo respondió de manera rápida ante el desastre, dejando atrás cualquier inconveniente para dar lugar a su compromiso social, ese compromiso del pueblo fue a corto plazo, pero como pueblo de Dios este compromiso social se debe mantener y no solo a corto, mediano y largo plazo, sino de toda la vida. Para nosotrxs, el Ser Cristiano significó (y significa) prestar nuestros servicios, abrir nuestras comunidades como albergue, recibir y administrar recursos financieros, ofrecer siempre nuestros corazones solidarios, sonreír como una muestra de esperanza a todas y todos los afectados, levantar medidas de casas para trabajar un proyecto de reconstrucción, etc. 

Para el día de hoy, el pueblo de Dios se mantiene con la esperanza firme de que la Paz y el bienestar de toda persona debe ser nuestro objetivo. Y este es el asunto que guía mi Fe. No podemos seguir siendo espectadores en esta tierra, sino que ahora debemos ser agentes de su Reino, el Reino de Dios.

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