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Inmersión en Tijuana

de Rev. Luz Amparo Chagüendo Ospina

Inmersión en Tijuana

Maria y Luz Amparo

Cuando decidí participar en la inmersión de Tjiuana 2018, no vislumbraba lo que significaría para mí vida. Nunca he tenido que vivir la desdichada experiencia de tener que abandonar mi familia o mi país para buscar “mejores” oportunidades. Desarraigarme de mi familia sería una experiencia muy difícil para mí.

Fueron muchas las experiencias vividas en esta inmersión, aunque quiero resaltar algunas que más impactaron mi vida: 

La primera fue tan conmovedora, estuvimos visitando el muro del lado de la frontera entre Tijuana-México y EE.UU-San Diego, es día visitamos el muro del lado de Tijuana, un espacio lleno de color, esperanza, naturaleza, mar, grafitis, resiliencia, resistencia y muchos deseos para que el  mundo sea diferente, inclusive una huerta en medio del camino que simboliza esperanza en medio de este muro que separa a dos contextos totalmente diferentes. Fue una paradoja visitar al día siguiente el muro al lado de EE.UU-San Diego un lugar seco, parco, árido, sin color, rígido, sin huerta parece que el muro hablara de las realidades de dos culturas totalmente opuestas, una interesada en reivindicar y hacer memoria y la otra pareciera que el asunto lo quiere obviar como de lugar. Esta realidad que no había dimensionado sino hasta ahora.

Otra experiencia fue el trabajo arduo de las iglesias en estos procesos de migración, iglesias bautistas que comprendieron el valor del reino de Dios y que entendieron la misión de cobijar con esperanza a tantas familias de diferentes lugares del mundo. 

Me conmueve el trabajo de la Primera Iglesia Bautista de Tijuana, su templo se convirtió por un largo tiempo en refugio para haitianos, el Pastor Juan Manuel Serrano me dijo “tuve que vivir prácticamente en el templo.” Puedo comprender como pastora todos los problemas que esto le traería al pastor con sus miembros, quizás muchos se fueron por no soportar esas “molestias” generadas cada domingo. Todo mi respeto para ellos y su labor.

Una de mis pasiones es el trabajo con las mujeres y para las mujeres. Mujeres que son capaces de ser resilientes en medio de situaciones críticas de la vida. Conocer las mujeres del Colectivo DREAMS MOMS mujeres que fueron deportadas de EE.UU después de vivir allá, inclusive, desde niñas  pero un día fueron sacadas y sus hijos e hijas dejados allá, sin la oportunidad de verlos, ellas sueñan con el día de estar con ellos para siempre, sin un muro que los separe. Mujeres sosoras que caminan juntas para sanar y sobre  todo para animarse en medio de un futuro incierto con sus hijos e hijas.

Aún tengo en mi mente la mirada  profunda de María, una mujer africada que viene de Ghana, tuvo que nadar 8 horas en mar abierto para lograr llegar a Venezuela, después atravesó las fronteras de Colombia, Panamá  hasta llegar a Tijuana-México, su deseo es cruzar a EE.UU. Me contaba con una sonrisa sus penurias, no sé cómo contuve  mis profundas ganas de llorar. Una y otra vez María me decía que solo podía agradecer a Dios por haberla ayudado en todo su viaje, no se sí yo estaría tan  feliz con Dios después de pasar una situación como esa. Dije dentro de mí, quizás “María es protestante” y le pregunte cuál era tu iglesia en Ghana, ella respondió “la iglesia católica.” Tantos prejuicios tenemos, creemos que solo los cristianos protestantes somos los únicos en desarrollar una fe tan ferviente. María no paraba de decirme lo agradecida que estaba con Dios. Cuando llegue a casa esa noche, llore cuando pensaba en ella, quizás porque mi fe es tan débil comparada a la de ella y no he tenido que vivir ni el 10% de su historia. María me llenó el corazón de esperanza, fe y amor. Una mujer que nunca olvidaré.

El domingo estuvimos compartiendo el servicio matutino en el muro del lado de la frontera de Tijuana-México.

Cantamos, leímos la palabra, nos abrazamos, compartimos la cena y nos llenamos de esperanza frente a un muro que solo inspira desesperanza y división.  ¿Hasta dónde hemos llegado? tenemos que levantar muros o fronteras para separarnos porque unos son “buenos” y otros no tanto. Ese día experimenté cómo las familias solo podían tocarse con su dedo meñique, es lo único que cabe por los barrotes del muro,  lloré al ver esto. Las familias que visitaban el muro ese día que incluso solo lo pueden hacer cada domingo por un par de horas y con ciertos requisitos especiales, expresaron lágrimas, historias, sueños, besos, lazos tan profundos que ningún muro logrará separar a las personas que se aman y sueñan  con vivir los mejores momentos de la vida juntos. 

Una inmersión que cambio mi perspectiva de vida, nunca podré decir que no acepto a otro u otra que no sea de mi país porque me va a quitar lo que es mío, en la mirada de cada migrante que conocí vi lo ojos de muchos de mi familia que hoy están en otros países buscando “mejores” oportunidades de vida, quiero que donde vayan otros abran sus vidas y sus casas para que los abriguen con esperanza en medio de  contextos de desesperanza, desarraigo de familias y tierras.

Gracias BPFNA ~ Bautista por la Paz por permitirme vivir esta experiencia estaré agradecida siempre.


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