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“Porqué no podemos esperar”, MLK

por Dr. Luis G. Collazo

Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929 y fue asesinado en la ciudad de Memphis, Tennessee el 4 de abril de 1968.  Se desempeño como pastor y teólogo bautista con un compromiso radical por la libertad y la paz.  En 1964 publicó una colección de ensayos con el título Porque no podemos esperar. Ya en ese texto apuntaba su nota crítica sobre el momento histórico que vivía al señalar “ De pronto se expandió esa verdad de que el odio es epidémico; de que crece y se difunde lo mismo que una enfermedad ; de que ninguna sociedad está bastante sana como para ser inmune al mismo”.

Ese diagnóstico certero que denuncia a una sociedad inmune al amor,  y que se asfixiaba  en ese síndrome que perpetua el odio como síntoma social y político de su genética colectiva.  Este profeta/Cristo negro, como lo llamara nuestro cuentista Abelardo Díaz Alfaro, alertaba a sus compatriotas a percatarse de ese malestar cultural e histórico que representaba el odio encarnado en el racismo y el culto a la violencia.

Fue en este mismo texto, el cual me parece sumamente pertinente hoy, que señalaba la premura de una gestión civil a favor de la igualdad, la dignidad y la paz.  Allí decía con asertividad profética “La forma actual del mundo no nos autoriza a valernos impudentemente del lujo de la  pausa y de la dilación. Esto, además, sería algo inmoral; sería ineficaz. Sería ineficaz porque los negros han descubierto en la acción directa no-violenta una fuerza irresistible que propulsa lo que hasta la fecha fue objeto inamovible; sería ineficaz porque demora el progreso no solo de los negros, sino de toda la nación”.

El imperativo que Martin Luther King implicaba era una acción militante a favor de la construcción de una sociedad aquilatada por la equidad económica, la convivencia inclusiva, la superación del armamentismo y la supremacía de la paz.  Su llamado a la militancia participativa resultaba moralmente legítima ante la preponderancia de sectores que pretendían, y aún pretenden dilatar y rezagar el progreso humano  hacia la dignidad.

En una de sus observaciones que me parecen esenciales aquilatar  en el  momento que vivimos  es aquella donde afirma “El prejuicio en contra del que no era blanco nació fácilmente en terreno tan abonado por el racismo, y creció rápidamente en él. La ideología racista, de larga vida, ha corrompido y menguado nuestros ideales democráticos. Esta es la espesa telaraña del prejuicio de que intentan liberarse actualmente muchos norteamericanos, sin darse cuenta de lo profundamente que ha sido tejida en su conciencia”.

Es este aspecto del tejido sicosocial el que pretendía,  y aun pretende,  cancelar los avances, aunque a veces tímidos, hacia la víspera de la dignidad humana.  Las pretensiones del actual populismo neoliberal y su aberración siniestra encarnadas en proyectos neo-imperiales nos obligan a plantearnos nuevamente “Porque no podemos esperar”. El intento de perpetuar la hegemonía de estos incalculables poderes financieros y políticos represivos nos obligan a unirnos a esta propuesta de Martin Luther King  que nos invita  a no esperar por el futuro de la libertad y la paz sino a ir en pos de ellas sin dilatación alguna.


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