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Mi Primer Día de las Madres en Vigilia en el Centro de Detención del Noroeste de Tacoma

por Peach Jack

 

Publicado originalmente en la gaceta electrónica de la Primera Iglesia Bautista, The Spire – Junio de 2015


 “Si, Se Puede”; Sí, Es Posible.

El sábado 9 de mayo, menos de 100 personas se reunieron en tiendas de campaña fuera del centro de detención del Noroeste de Tacoma. Nos reunimos para escuchar historias y ser una presencia para aquellos que están detenidos, y decir "ya basta" a los requisitos para las 34 mil camas en toda la nación establecidos por el ICE: Agencia de Servicios de Inmigración y Control de Aduanas. Nuestro grupo representado por una diversidad de personas de fe y espíritu, partidarios del santuario, y la comunidad de justicia para los inmigrantes que se presentaron para ofrecer amor y apoyo, decimos "si, se puede", sí, es posible hacer una diferencia, para ofrecer esperanza de cara a la desesperación.

Fui a ser una presencia y continuar mi viaje de descubrimiento y teniendo la responsabilidad de “quien tiene el privilegio y una voz" para contar las historias que escucho. Fui como una madre y una amiga para mostrar su solidaridad con otras madres y amigos, padres, hermanas, hermanos y niños. Fui a escuchar historias y aprender lo que otras personas de fe están haciendo para encarar una trágica situación en nuestro continente, con nuestros vecinos del sur. Fui porque la familia es importante para mí.

Lo que vi y oí me recordó a la crianza de mis hijos. He oído y creo que los padres, sin importar quiénes son, aman a sus hijos a la medida de sus posibilidades y recursos. Ciertamente hay situaciones en las que los padres no cumplen su deber de proveer y mantener a sus hijos. Pero leyendo cartas de las madres en el interior, que han arriesgado todo para hacer una mejor vida, incluso dejando a sus hijos atrás o cuidando a los hijos de otras personas cuando sus padres no están -estas historias se escuchan verdaderas. Tener que demostrar a las autoridades  un "temor creíble” parece absurdo, sabiendo que los padres temen peligros incluso más pequeños que estas realidades diarias que han conocido. Lo sé porque sigo esperando por un futuro para mis hijos y para los de ellas.

Lo que vi y oí me recordó a las personas que me han apoyado en mi crianza, incluyendo las familias de mi comunidad y en el extranjero, que tomaron a mis hijos cuando necesitaba ayuda. Lo que vi y oí me recordó a las mujeres que conocí cuando trabajaba en los servicios sociales, a menudo oyéndolas hablar de los sacrificios que hicieron con el fin de encontrar una vida mejor, una vida que a menudo se daba por garantizada. Lo que vi y oí me recordó las historias de mis abuelos inmigrantes, que dejaron el hogar debido a la guerra y el reclutamiento y la persecución religiosa. Lo que vi y oí me recordó que yo sé de un Dios que ama la justicia y me llama a ser las manos y los pies, los ojos, los oídos y la voz de los que no son libres de actuar. Lo que vi y oí pide que camine en solidaridad con aquellos que no tienen otra opción. Lo que vi y oí me recuerda que el Reino de Dios irrumpe y habla de un mayor poder, una mayor autoridad para el jubileo, la libertad y el perdón. En las palabras del movimiento (1), "Sí, se puede" Sí, es posible. Es posible que nosotros ofrezcamos bendición y caminemos junto a ellos a medida que crecen en la fe. Juntemos nuestros corazones para la oración.

Otros pensamientos: Antropólogo y autor, Bruce Feiler escribe sobre el exilio del pueblo de Israel a Babilonia y la forma en que los fortaleció como un pueblo de fe. Aquellos que con anterioridad habían encontrado su identidad como pueblo alrededor del culto en el templo, llegaron a identificarse uno al otro en experiencia y verdad -que Dios está con ellos en todas partes. Este evento realmente resultó en una gran bendición para la nación judía, a medida que crecían en número y en capacidad intelectual. Son un pueblo con una historia común de adversidad, identidad y monoteísmo. Sin estar atados a su lugar, su fe fue capaz de crecer, su religión de sobrevivir y darles fuerza contra un enemigo común. (197-198, Donde Nació Dios.)

Me acuerdo de este pensamiento al leer las historias y cartas de los detenidos. Muchos de ellos hablan de una renovada fe en Dios, cuando se quedaron sin la ayuda de otros. "La gente está pidiendo a gritos" en el interior del centro de detención, de acuerdo a una mujer detenida anteriormente, L. García. Ellos han dejado a familias, sufrieron grandes persecuciones y heridas, se han quedado sin cuidados de salud e incluso sin comida y agua después de su captura. Los niños en el exterior sufren mucho también, aunque su respuesta natural es la de proteger a su madre o padre encarcelado y no lo divulgan. Ellos no quieren que los padres sufran más al saber del dolor que han causado. Las comunidades y las familias extendidas sufren a causa de las cargas adicionales en el exterior, ofrecen fianzas, pago de coyotes, cuidado de los niños distanciados, viven de menos recursos debido a los adultos presos, desempleados. Están pidiendo a todos nosotros, "por favor, hagan una diferencia."

El costo para los contribuyentes de las 34 mil camas es de aproximadamente $ 130-150 USD al día, pagados a empresas privadas, parte de un imperio cuya rentabilidad es la prioridad.


(1) Dolores Huerta, las trabajadoras de la fábrica; y Cesar Chavez, Unión de Trabajadores Agrícolas, y MLK El Exilio, Salmo 137 la luz de Dios amanece en la oscuridad, Isaías 60 Jesús en el Poder, Lucas 20


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